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Libertad humana para amar
Que es normal en sexualidad
Sigmund Freud distinguía los instintos animales de las pulsiones humanas. Mientras más primitiva es una especie animal, más determinado es su comportamiento instintivo y sexual, con menos variaciones o grados de libertad. Por ejemplo, la araña viuda negra, luego de consumado el apareamiento, tiende a devorar al macho si este no logra escapar; se trata de un comportamiento instintivo, por ser innato e idéntico en toda la especie.
El comportamiento sexual de un hombre, una mujer o un infante no es universal; por ello, no es instintivo. La identidad de género y la elección de objeto sexual dependen de las vicisitudes de la vida. Debido a esta carencia instintiva, las instituciones y las instancias sociales —como la familia, las religiones y la ley— procuran imponer lo que “debe ser”, supliendo la falta de determinismo biológico. Así, crean normas y prescriben lo que consideran normal, aunque no necesariamente lo psíquicamente sano. El anhelo de normalización suele ocasionar sufrimiento en quienes se desvían de ese ideal.
En contraste, gracias a la ausencia de comportamientos sexuales predeterminados y a la plasticidad de las pulsiones, los seres humanos disponen de mayores grados de libertad que el resto de las especies. La sexualidad se constituye, así, como una expresión de la libertad humana, por su relativa independencia del sustrato biológico y anatómico.
Pablo Grosz
El comportamiento sexual de un hombre, una mujer o un infante no es universal; por ello, no es instintivo. La identidad de género y la elección de objeto sexual dependen de las vicisitudes de la vida. Debido a esta carencia instintiva, las instituciones y las instancias sociales —como la familia, las religiones y la ley— procuran imponer lo que “debe ser”, supliendo la falta de determinismo biológico. Así, crean normas y prescriben lo que consideran normal, aunque no necesariamente lo psíquicamente sano. El anhelo de normalización suele ocasionar sufrimiento en quienes se desvían de ese ideal.
En contraste, gracias a la ausencia de comportamientos sexuales predeterminados y a la plasticidad de las pulsiones, los seres humanos disponen de mayores grados de libertad que el resto de las especies. La sexualidad se constituye, así, como una expresión de la libertad humana, por su relativa independencia del sustrato biológico y anatómico.
Pablo Grosz